domingo, 5 de noviembre de 2017

Navidad en el duelo



 

Según las tradiciones, sobre todo cristiana, es la celebración del nacimiento de Cristo y esto es sinónimo de fiestas, celebraciones y diversión, acercarnos a nuestros seres queridos y convertirnos en personas más humanas y sensibles por el entorno que nos rodea.

Para las personas que sienten esta tradición y la pueden celebrar siempre ha sido unos días esperados y celebrados con alegría.

Pero cuando se muere un ser querido, esa alegría, esa paz interior, esas celebraciones, encuentros de gozo y dicha se rompen como si nos arrancasen un trozo de nuestro corazón y nos sentimos muertos en vida.

Es curioso como pasamos  a odiar la Navidad, ya no queremos saber nada de esas reuniones con los familiares.

Nos molestan las calles adornadas con esas luces de mil colores.

La armoniosa música de los villancicos.

Ya no nos apetecen las comidas familiares, ni los regalos, ni sorpresas.

Es como una destrucción total de esas tradiciones que siempre habíamos celebrado con tanto amor con nuestra familia.

Eso se nos acabó. Nos ha sido arrancada de golpe, sin preguntar, sin saber, sin darnos tiempo a reflexionar.

Es el golpe más duro y traicionero que nunca nos habíamos preguntado ni planteado.

Esto me ocurrió a mí con la muerte de mi hijo (además de golpe y un 20 de diciembre)  me imagino que los que han pasado por lo mismo que yo, lo sentirán muy parecido, pero en mi caso a medida que han pasado los años, realizando un buen duelo y transformando ese dolor en AMOR, poco a poco, estas fechas Navideñas llenas de tanta tradición, las he ido recuperando, ya no son lo mismo (porque hay un antes y un después), pero he aprendido mucho de todo este dolor que me ocasionó la muerte de mi hijo (no la desaparición de él, porque eso es imposible) me ha abierto los ojos a muchas cosas que antes no quería ver, me ha enriquecido mi ser y mi crecimiento espiritual y mi sentimiento de amor hacia a mí, mi familia y a la gente en general.

No creo que sean estos días especiales para celebrar este recogimiento familiar.

Creo que lo podemos hacer todos los días del año igualmente, pero parece que en estas fechas sean diferentes estos acontecimientos, para mí me es igual cualquier día, pero he vuelto a sentirlo de otra manera, porque según un escrito que encontré. No sé su autor y con su permiso lo hago mío porque lo comparto por igual.

Dice que “cuando nacemos a un nuevo grado de apertura, de sencillez, cuando aprendemos es NAVIDAD. Cuando nos volvemos más auténticos, más tiernos, cuando dejamos a tras rencores, prohibiciones, prejuicios y temores, es NAVIDAD, cuando amamos, cuando servimos, es NAVIDAD”.

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